En la trastienda de la vida política hay gente con ideas marchitadas, que son aquellos que cabalgan al rebufo de quien alumbra con candil y tratan de posicionarse en puestos de mendicidad, para ver si la limosna hace posible aspirar a algo para no ser nada.
Son fieles adiestrados a la obediencia debida, cuya finalidad es mostrar el estandarte de la lealtad y la sumisión, que es el fiel reflejo del "valor contenido".
Y nada mejor que hacer alegatos de entrega generosa que identifican de manera clara y concluyente al que los hace, para dejar la estela de la ignorancia a la altura que merece.
Y produce tristeza infinita tratar de posicionarse en actitudes utópicas para hacer callar a la voz de los sin voz, hasta ahí llega el esperpento de algún desarmado de esa famosa trilogía que dice: querer, saber y poder, eximente claro está de virtudes que murieron antes de nacer. Y trasgredir las normas más elementales de la democracia es situarse al margen de ella.