viernes, 3 de abril de 2020

EL SÍNDROME DE DIÓGENES


La sensación que dan los políticos es que viven con el síndrome de Diógenes del desconocimiento. Las formas y maneras de actuación tienen esas características. Lo inestable de los comportamientos hace de la incertidumbre el orden del desorden. “El desorden almuerza con la abundancia, come con la pobreza, cena con la miseria y va a costarse con la muerte”, Benjamín Franklin.




jueves, 2 de abril de 2020

LA EDUCACIÓN EN LA RETAGUARDIA


Hay déficit de educación y la insuficiencia es un lastre que genera al futuro limitaciones. “Si piensas que la educación es cara, prueba con la ignorancia”, B. Franklin.

LA EUTANASIA DEL SENTIDO COMÚN

“Lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano”, Isaac Newton. La cita del físico y matemático se ajusta a las circunstancias que estamos viviendo en este río revuelto de la eutanasia del sentido común. 

ADIÓS A LOS MUERTOS


#YoMeQuedoEnCasa. Se oye que son tiempos de unión, de sumar, de evitar críticas y de silenciar gritos. Yo hoy me acuerdo de los muertos, de sus familias, de los contagiados y de los servidores públicos. Y no puedo olvidar a los AUTÓNOMOS y las PYMES. No sé porque me estaba acordando de la película “Adiós a las armas” y lo que quería mi mente es decir: adiós a los muertos.

RESIDENCIAS DE MAYORES


Lo que pasa en las RESIDENCIAS DE MAYORES clama al cielo. Es evidente que la pandemia del coronavirus mata, pero la inacción ayuda y pretender que se guarde silencio de negligencias que pone los pelos como escarpias, ni es admisible ni tolerable. Al pan, pan, y al vino, vino. Eso no quita para acatar las leyes que dicta el Gobierno.

miércoles, 1 de abril de 2020

ESPERO QUE NOS LEVANTEMOS TODOS



Y van pasando los días de reclusión y el tedio forma parte del responsable confinamiento. Todos los días esperando noticias que nos liberen de la ansiedad, pero no llega el ansiado deseo. Así transcurre el tiempo en este destiempo de la vida. Tengo que reconocer que solo me vence el ánimo la salida al balcón a las ocho para el merecido aplauso a los servidores del pueblo. Es el momento en el que el sentimiento me hace caer. Espero que nos levantemos todos.   

“El cielo puede esperar”



“El cielo puede esperar”, pero es impaciente. Seguimos navegando en las aguas turbias de hecatombe conocida. Y vivimos desorientados entre aplausos, gratitudes, solidaridad, sabios, ceremonias de comunicación con algún cable suelto y sabiendo lo que pasa sin saber. ¡Cuántos pasar por sabios han querido (con citar a los muertos que lo han sido! Tomás De Iriarte.