martes, 20 de octubre de 2026

EL RINCÓN DEGÓMEZ

Mis viajes nocturnos son asiduos por esos mundos de Dios y el último me sitúa en el Rincón de Gómez, un paraje del término Municipal de Mira que hace de su planicie un lugar para meditar. En su enclave, un barracón con tres paredes de piedras del medievo, el techo virtual, la vida de la naturaleza con olor a romero, terreno donde la perdiz revolotea y deleita con su canto y entorno propicio para el cazador con perdigón. El espacio abierto nos muestra el vuelo de la paloma torcaz para que la llanura tenga su encanto. La noche es fría y solo el calor del pensamiento atempera el gélido tiempo. Con la solemnidad del silencio y el escalofrío que impone la noche, se va forjando el ecosistema literario en la sabana del folio blanco para impregnar el acontecer del viaje andando por caminos donde no hay pisadas. Es un privilegio la brevedad del éxodo y un latifundio memorístico para recrear el ayer en la oscuridad que alumbra el día.

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