La piel de sus manos eran seda, sus pequeños ojos la estrella Sirio, su vida estaba blindada de humildad, ternura y su sonrisa era el faro que anunciaba vida. Tenía el “CARBONER” un encanto especial que invitaba a la charla amena y degustaba su bombón para salirse de la rutina diaria. Era feliz con tan poca cosa y disfrutaba de momento tan especial. La vida a veces cruel no entiende que esos relámpagos de dicha dejan la huella de un hombre que baso su felicidad en chispazos del tiempo.
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