La piel de sus manos eran seda, sus pequeños ojos la estrella Sirio, su vida estaba blindada de humildad, ternura y su sonrisa era el faro que anunciaba vida. Tenía el “CARBONER” un encanto especial que invitaba a la charla amena y degustaba su bombón para salirse de la rutina diaria. Era feliz con tan poca cosa y disfrutaba de momento tan especial. La vida a veces cruel no entiende que esos relámpagos de dicha dejan la huella de un hombre que baso su felicidad en chispazos del tiempo.
Dice de ti Google que te interesa el bienestar comunitario y la justicia social.
ResponderEliminarSerá por tus silencios, que claman más alto que tus palabras?
Haz honor a ese legado que pretendes dejar y usa tu pluma para aquello que tú corazón, que no tu mente, desea denunciar