sábado, 9 de febrero de 2013

EL SONROJO DE VER LA MANO



El verbo casi siempre deja heridos en la contienda sin armas. Batallar en este mundo de oscuridades con la luz larga, lleva consigo ver caras que se esconden para dejarlas en el folio blanco, y así evitar ocultarlas. Y cuando se comprueba la “ingratitud” de perseverantes de la ceguera, nada mejor que dejar la luz encendida para que puedan mirarse y al mismo tiempo ver al vocingler@ en el expositor de la vergüenza. Cuando se garrapatea, mejor ponerse un guante para evitar el sonrojo de ver la mano. Y no quedar pedisuec@ de actitudes poco dignas.

3 comentarios:

  1. Que le sea leve al destinatari@. Es de extrema dureza. Solo faltaba el nombre para morirse de un yuyu. Aunque el recept@r ya sabe que está en fuera de juego.

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  2. Como le diría Quevedo a Gongora:Espero que dentro de un lenguaje tan florido,el jardinero sepa la clase de flor,que ha sembrado,pues aparte del aplaudidor ,yo de nada con importancia,me he enterado.

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  3. El amante del tango12 de febrero de 2013, 11:15

    Por quien tenga cierta cultura literaria conoce la rivalidad y enemistad del binomio Quevedo - Gongora. Los ataques de Quevedo a Gongora provenian de su origen judio, de su aficion por el juego, de su poesia y de su afeminamiento. Pero cualquiera de los estudios dedicados a Quevedo contienen esta afirmacion "En su interior Quevedo admiraba a Gongora". Si se ha pretendido una comparacion entre el poeta Evencio y Gongora, gran halago es. Pero este anonimo, si no ve el trasfondo de la critica evenciana es que la ceguera es de una importancia tal que urge solucionarla con los famosos "quevedos" (asi llamaba Gongora a las gafas de aquel). Pero puede ser peor la cosa, que no se quiera ver, y se roce el fanatismo, porque "DEL FANATISMO A LA BARBARIE SOLO MEDIA UN PASO" (Diderot).

    Fdo: El amante del tango

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